México protagonizó la noche del miércoles con el cuarto largometraje en competición. El cine iberoamericano siempre ha brillado con luz propia en Islantilla, y en esta ocasión, Hasta el fin de los tiempos, de Alejandro Molina, cautivó al público con su propuesta visual y narrativa.
La película nos sumerge en el peor Año Nuevo de Patricio. Su esposa le ha pedido el divorcio, no puede ver a su hija y está atrapado en deudas millonarias. Sin un rumbo claro, busca refugio en casa de un amigo, un excéntrico millonario, donde se desata una historia de drama y autodescubrimiento.
Este largometraje destaca por su potente puesta en escena y una narración que juega con los contrastes entre la realidad y la percepción. Un juego de espejos, tanto en su historia como en su estética visual, que alterna entre el color y el blanco y negro. La fotografía de Francisco Laresgoiti y Carlos Guizar refuerza esta dualidad, sumergiendo al espectador en un universo tan intenso como hipnótico.
En el apartado interpretativo, Bruno Bichir, Karla Coronado y Moisés Arizmendi brillan con actuaciones cargadas de matices, bajo la dirección precisa de Alejandro Molina. La combinación de un guion sólido, una atmósfera cautivadora y una fotografía impecable convierten a Hasta el fin de los tiempos en una de las películas más destacadas de la competencia.
Con esta proyección, Islantilla reafirma su compromiso con el cine iberoamericano, ofreciendo al público historias con identidad propia, cargadas de emoción y profundidad. Hasta el fin de los tiempos es un claro ejemplo de cómo el cine puede explorar las crisis personales con una mirada artística única.

