«La sangre del gallo» noveno largometraje a Concurso

Argentina volvió a ser la protagonista de la noche. «La sangre del gallo» noveno largometraje a concurso, tres propuestas argentinas completamente diferentes entre ellas. «La sangre del gallo» tiene un personalísimo sello de su director Mariano Dawidson. Cine en estado puro.

SINOPSIS DE «La sangre del gallo»

La sangre del gallo

Damián conduce por una ruta oscura, con su madre y su hermano como acompañantes. El ambiente dentro del auto se tensa cuando una discusión estalla, sacando a flote emociones reprimidas. En un instante, Damián desnuda un dolor que lo ha perseguido durante años: el desprecio constante de su padre, una herida que marca cada decisión y cada mirada perdida en el retrovisor. La noche parece engullirlos mientras las palabras cortan más hondo que el silencio que las precede.

Entre las sombras de esta narrativa, el director argentino Mariano Dawidson construye un thriller psicológico que transita entre el cine onírico de David Lynch y la violencia estilizada de Quentin Tarantino. Dawidson, como un arquitecto de lo inquietante, arma un rompecabezas que atrapa al espectador desde el primer cuadro, jugando con la memoria fragmentada y la culpa que acecha en cada rincón. Su dirección es precisa, casi quirúrgica, logrando que cada giro narrativo golpee con fuerza.

Santiago Pedrero, en el papel de Damián, entrega una actuación magistral que sostiene el peso de la trama sobre sus hombros. Su interpretación es visceral, cargada de matices que transitan entre la vulnerabilidad y la furia contenida. Cada gesto suyo arrastra al público hacia el abismo de su tormento interior, haciendo que sea imposible apartar la mirada.

La banda sonora, obra de Cirilo Fernández, merece un capítulo aparte. Su música no solo acompaña, sino que intensifica el clima de tensión, tejiendo una atmósfera opresiva que envuelve al espectador. Los sonidos se convierten en un personaje más, marcando el pulso de la narrativa con una precisión inquietante.

Pero lo que eleva «La sangre del gallo» a otro nivel es la realización de Dawidson. Este noveno largometraje en competencia es una auténtica pirueta audiovisual, un ejercicio de estilo que desafía las convenciones del género. Dawidson arriesga y sale glorioso, entregando una obra que no solo entretiene, sino que deja huella. Su manejo de la cámara y el montaje fragmentado convierten la película en un laberinto emocional donde el espectador se pierde voluntariamente, buscando respuestas que tal vez nunca lleguen. Una experiencia cinematográfica que resuena mucho después de que las luces se encienden.

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